lunes, diciembre 18, 2006

TODOBICHODEUÑA - Hiphoperos en riesgo

El rapero siempre hace lo mismo: se agarra las bolas, mueve las manos, estira los dedos rarísimo y se pasea generalmente por tres o cuatro ideas.

Los raperos venezolanos –y en general los de esta parte del mundo que no es Nueva York ni Los Angeles- se limitan a dos ideas: a Eros y Tánatos, como diría un crítico literario.

A las mamis que están bien ricas y al plomo, para dejarnos de literatura.

Miento. Hay una tercera línea argumental que los lleva a agarrarse las bolas con más fuerza y manotear siempre con el dedo índice apuntando. Y esa es justamente una de las grandes preguntas a las que me lleva el hip hop: ¿contra quién pelean tanto estos muchachos? ¿quién o quiénes son esos que los envidian de tal manera que casi todas las canciones riman por esa onda? ¿quién es ese que los quiere matar todo el tiempo?

Y, especialmente: ¿porqué no hacen algo además de componerle unas líneas a ese enemigo? ¿porqué no van y lo joden de una buena vez?

La otra gran pregunta es elemental: ¿en verdad los raperos tienen tanto sexo como dicen?

Detrás de esas preguntas lo que subyace es una preocupación. Me angustia pensar en el futuro de las carreras artísticas de estos trovadores del barrio porque con unas seis canciones escupiendo al otro que te quiere perjudicar y te envidia, otras cinco aclarando que tú eres el rapero más arrecho del mundo después de Tupac y unas diez diciéndole a la nena que mueva las nalgas como ella sabe y que tú estás ahí para darle lo suyo, parece que ya no encuentran mucho más, que ya no hay temas, que hasta ahí les alcanza “lo real” y es entonces cuando se muerden el rabo y empiezan a reciclarse.

A partir de ese momento el rapero puede caer al vacío y ser olvidado. O despeñarse por un barranco mucho peor pero rentable: convertirse en caricatura de sí mismo, aparecer en una telenovela, en una cuña de navidad de Venevisión (como Paul Gillman… tan heavy patriota él) o haciendo una colaboración en el nuevo disco de Ricardo Montaner o de Elisa Rego.

Es dura la vida de estos muchachos. Por eso ponen su fe en el cuaderno de las rimas, en esas páginas en las que tratan de reflejar lo que tienen alrededor y que suele confundirse tanto con lo que esperaría el público de sus canciones.

Un día la pegan y consiguen a ese productor que tanto necesitaban para dejar de vaguear en las escaleras del barrio. Graban un disco en el que quieren escupir atoradísimos todo lo que llevan por dentro y en el que quieren dejar bien claro que sí, que ellos encajan en el estereotipo, que son raperos genuinos que hablan de “lo real” y que los demás son sólo una pila de merengueros oportunistas.

Y luego comienzan a debatirse entre seguir por la vía de “lo real” o a meterse a 180 por hora y sin mirar por el retrovisor a la autopista de lo “comercial”. Y es que, al fin y al cabo, ¿para qué sirve todo esto? ¿No es para ponerse en una buena, comprarse una moto, la ropita que es y sacar a la vieja del barrio? La discusión es necia: ¿comercial? ¿qué es eso? ¿acaso el debate no debería ser por la calidad?

El verdadero enemigo está agazapado, esperando con paciencia y calculando el momento en que ese rapero de mediano éxito se engolosine y entonces sí, finalmente, acceda a grabar ese pedacito con su voz en el disco de la vieja estrella de los años 80 que quiere volver con una de esas producciones de tiro al blanco: una balada, un tema “rock”, uno con beat electrónico, un himno a la alegría, una canción de despecho, la remezcla del tema que la hizo famosa, un reguetón y un toquecito de hip hop.

Y ahí muere la promesa del barrio. Sus colegas que vienen empujando desde abajo pisotearán su nombre: es un vendido, un merenguero, un oportunista, un falso…

Y el ciclo vuelve a comenzar

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿No será que el final esos temas recurrentes de los hiphoperoslos unicos temas que valen la pena; es decir, el sexo, los enemigos y la muerte? todo lo demás es felicidad y ellos no escriben desde la felicidad...

demalamadre dijo...

Esa puede ser una reflexión interesante... Pero, ¿no es felicidad el sexo?
Creo que lo que más agota es el "yo". Para los raperos todo va por ahí: yo tengo, yo hago, yo soy, yo, el yo, yo y yo.
Una vez leí un reportaje en el que uno de los tipos de Vagos y Maleantes contaba que se había mudado del barrio para Altamira pero no aguantó ni un mes: le preocupaba de qué iba a escribir sus próximas canciones si en esa zona no pasaba nada. Y volvió al barrio. Pero igual, aunque con ingenio, ahora todo lo que canta es "mami mami mami". Esperemos que eso sea sólo un paréntesis mientras escribe mejores historias.

Anónimo dijo...

Hace un tiempo a través de otro blog descubrí de mala madre y obviamente ahora lo leo con bastante frecuencia. Nunca había escrito y esta primera vez que lo hago no te voy a hablar de este post en particular... quiero hablarte de todos si se quiere.
La verdad me da un poco de curiosidad que no pongas nada en tu perfil, no saber si tienes 23 años o 30, si eres un punk de esos que solo se visten de negro o eres un niño yuppie de la capital me genera un sentimiento que esta entre la curiosidad y la fascinación de tener algo que no sé en este mundo donde -internet de por medio- puedes saber y tener acceso a "todo"... puedes obtener hasta veneno para tu enemigo sin que se den cuenta (de eso me entere ayer en la tele)
Te pediria que colocaras algo mas de ti en tu perfil... pero creo que se acabaria la magia.
Feliz Navidad!
R.

demalamadre dijo...

Anónimo R: Es así, parte del chiste de esto es el anonimato, así que por los momentos el perfil quedará en blanco o como un espacio mejor aprovechado con una que otra cita literaria. Gracias por escribir y feliz 2007 para ti y pa' todos los que entran a leer estas líneas

manola blahnik dijo...

uff, qué comentario tan cursi, bichodeuña