martes, marzo 13, 2007

SOCIALISTANDO – El Ché nuestro

La primera vez que vi a ese carajo fue en algún periódico. No tengo ninguna vinculación con el 23 de Enero, esa parroquia que ya debe estar en la mira para otro cambio de nombre: 4 de Febrero, seguramente, para conmemorar el día que Huguito se chorreó los pantalones esperando en el Museo Militar que otros pendejos hicieran la tarea que él no supo hacer.

Me refiero al tal “Ché del 23”.

Un día tuve el honor de verlo en directo: el tipo iba en una moto por la carretera vieja de La Guaira, subiendo, mientras yo iba a uno de esos lugares a los que uno siempre quiere volver: al aeropuerto.

Y la verdad es que es igualito a Ernesto Guevara. Igualito que te cagas.

En estos días se me cruzó en el camino otra vez: la barba, la ropa de camuflaje, la boina, la mirada de benefactor-matón. Y volví a pensar en lo mismo: ¿qué clase de basura tiene este caballero en la cabeza?

No dejo de preguntarme qué pasará por su cerebro en las mañanas cuando se mira al espejo, mientras se lava los dientes y lo que ve es al Ché siguiendo el ritmo que le enseñó el payaso aquel de Colgate: los dientes de arriba se cepillan hacia abajo, los dientes de abajo…

Es que este señor es una especie de travestido a tiempo completo. Supongo que se sentirá como esos personajes de películas de acción en las impepinables escenas en las que se van apertrechando para ir al combate, tipo Rambo, calzándose las botas, el cuchillo, las granadas, las correas de balas… algo así. Sólo que este fulano se esmerará en colocarse bien el uniforme –debe tener una colección, así como Chávez la tiene de trajes italianos-, ajustarse la boina, acicalarse la barba hasta dejarla siempre como la del hombre que le inspira a vivir esa fantasía, esa condición vicaria de la existencia.

O mejor dicho: de su no-existencia. Porque él no existe como individuo: su misión en este mundo, la que eligió, es travestirse, vender la estafa de su apariencia, ser un póster ambulante de una figura que vista al detalle termina por ser repulsiva más allá del empeño de la mercadotecnia de la izquierda que bien supo venderlo como un héroe romántico, justiciero, soñador, quijotesco… Un loco de mierda, en fin, que se echó al pico a un montón de gente y que terminó muriendo como un rabipelao en un país ajeno a donde fue sin que nadie lo llamara ofreciendo promesas que nunca iba a poder cumplir.

Y muriendo, además, abandonado por esa otra plasta llamada Fidel que no podía aceptar a otro nublándole su estrella.

Entonces este ciudadano del 23 se desplaza por el mundo como un transformista: se pone sus postizos de Ché y anda como buscando un parque temático en el que pueda encajar su caracterización. Ah, esa sería una gran idea: hacerle un parque en el que se recree la vida, obra y tragedia del argentino. Eso, al menos, le daría más sentido a sus días.

Se me ocurre otra: que el generoso Farruco apruebe unos cuantos millardos para que Román Chalbaud se lance con un largometraje épico. Eso también le daría sentido.

Aunque sospecho que la pinta de Ché de nuestro Ché quizás le sirve, desde hace tiempo, para cepillarse a más de una camaradita obnubilada por la fantasía de refocilarse con esta reencarnación del guerrillero heroico. Seguro que sí.

10 comentarios:

Rafael Osío Cabrices dijo...

Este caso me hace pensar en un nuevo fenómeno: los tipos que se andan disfrazando de Chávez. Al menos el Ché es un icono universal, digamos, un logotipo tan extendido, reconocible y añejo como el de San Nicolás o Chaplin. Pero el que ahora estén caminando por las calles tipos adultos, creciditos ya, pues, con el pantalón y los zapatos negros, y la camisa manga larga o manga corta escarlata que Chávez carga siempre ... pues es como peor, porque en pocos meses se cumplen 40 años de que mataran al Ché, quien es un símbolo distante, mítico, edulcorado por décadas de propaganda.
Pero Chávez está vivo y coleando, y vive (al menos parte del año) aquí en Caracas, y sale en la tele casi todos los días. Y es ya lo suficientemente poderoso para que unos cuantos tipos decidan vestirse exactamente como él. Échale bola tú a eso.
No sé si me explico.

Anónimo dijo...

Se me ocurre, con ésta genial visión, hacer un Sitcome, al estilo de los Soprano. Sería fabuloso mostrar al cheguevara, como lo que realmente es, o en lo que lo han convertido, en un pobre pusilánime, de una cobardía multiple, que al fin y al cabo repite los mismos modos del payaso de Colgate.

manola blahnik dijo...

yo he visto a mujeres disfrazadas de lina ron. igualitas: el mismo igotín, el corte, el labial, la gorra, la dicción, la gritería. supongo que serán de la clase de "camaraditas obnubiladas" (aunque hace tiempo dejaron el diminutivo) que se emocionan pensando en una reencarnación express con el ché de utilería.

al medio(cre) ché le sugiero montar un negocio de animación de cumpleaños. que en vez de ni fu ni fa, en las piñatas de los revolucionaritos venidos a más esté el ché haciendo malabares con granadas e iniciando a los chiquillos en la reserva. quizás hasta pueda ampliar su público si el gobierno, dentro de su campaña de turismo popular destinada a las misiones, habla con alexis montilla y abren en mperida un parque estilo los aleros, para darles paisaje y guión a estos zombies del siglo xxi.

Anónimo dijo...

Creativo vaya tomando nota, y déle cuerpo a ese que puede ser mas que una comedia, un drama.

Anónimo dijo...

De Mala Madre, ¿te cagaste cuando viste al ché del 23?
EL INGENIERO

Anónimo dijo...

¿Y, tu, INGENIERO, te apodas así, porque no tienes edad para entrar a la universidad?

Anónimo dijo...

Porque tengo un puto título que me sirve para vivir. ¿y tú quién eres? ¿el marico al que De Mala Madre se coge en el closet?
EL INGENIERO

demalamadre dijo...

Bien mirado, la verdad es que ya estamos dentro del parque temático o del sitcom: ya el país es eso: Latin American Idol, pero con un sólo concursante y ganador.

Es cierto, Osío, que es arrecho ver a esos disfrazados de Chávez. Pero son aspirantes que se visten así en las ocasiones justas para tratar de jalar bolas o para ver si consiguen un crédito o para protestar sin que se dude de su estirpe revolucionaria. ¡La cosa con el Ché es que el tipo está así todos sus días! Seguro que el aniversario de la muerte del Ché el fulano va a vivir su propia "pasión".

Linda perspectiva de piñata esa: con el Ché haciendo malabares usando granadas en lugar de los limones que usan los carajitos de la calle. Sería excelente, por ejemplo, que participe en una fiestica en Miraflores y que, ay carajo, se tropiece con Jessie y se le caigan las granadas...

Mira Ingeniero, si piensas que en el koala seguramente carga un pistolón: sí, da caga. Por suerte las veces que lo he visto ha sido desde el carro. Ya sabes: cagao, mirándolo feo, pero cagao igual.

Y no me metas en tus peos con los anónimos, se agradece tenga la bondad.

Anónimo dijo...

Soy, la anónima de las 3:13,
Por si acaso, soy mujer, y no es que esté podrida de buena, pero por allí voy. Pero, tu ingeniero tienes una imaginación mas chiquita. ¿En las primeras las lecciones de la universidad no te dijeron que los ingenieros en los tiempos pretéritos eran INGENIOSOS, y de allí su nombre. Cámbiate de oficio, nunca es tarde. Cualquiera sea tu respuesta, me resbala.

Héctor Torres dijo...

Yo lo he visto por las calles de la avenida Sucre. Antes cargaba una motico más modesta, ahora se le ve en una moto más acorde a las nuevas amistades que tendrá. De verdad que es una representación de 24 horas diarias. Los chamitos de escuela se acercan y él les da la mano como si de verdad fuera una celebridad, y no el disfraz de una celebridad. Un caso realmente patológico, pero apenas una historia más entre las extravagancias de estos tiempos.